Dos tecnologías con fortalezas opuestas
Conviene ser preciso sobre en qué destaca cada tecnología, porque la complementariedad no está donde la sitúa la mayoría de los comentarios.
La IA actual es probabilística, ávida de datos y, en la práctica, muy centralizada: la frontera la marcan unas pocas organizaciones con acceso a grandes clústeres de computación. Produce resultados fluidos, baratos y —lo esencial— difíciles de atribuir o verificar a posteriori.
Una blockchain es casi lo contrario: determinista, replicada y costosa por unidad de cálculo. Aquello en lo que realmente destaca es en producir un registro compartido y a prueba de manipulaciones que varias partes que no confían entre sí pueden aceptar, sin designar a ninguna de ellas como árbitro.
Planteado así, la conexión útil se ve con más claridad. No se trata de que las blockchains vayan a ejecutar modelos de IA —en su mayor parte no pueden hacerlo por motivos económicos—, sino de que una tecnología es cada vez mejor generando contenido y acciones a escala, y la otra es una máquina para establecer qué es cierto respecto de un registro.